Dina Rezinovsky junto al reaccionario «libertario» Agustín Laje

Eran casi las dos de la tarde del jueves y la sesión en Diputados recién estaba en sus primeros momentos. La diputada nacional Dina Reinovsky, del PRO de la Ciudad de Buenos Aires, tomó la palabra para defender el aborto clandestino. Sus argumentos, obviamente, hablaban de “la vida” y se basaban en sus posturas religiosas personales.

Pero en medio de su alocución dijo algo que, sin que se lo hubiese propuesto, se le terminó volviendo en contra.

“Durante este tiempo se han hecho argumentos desde lo jurídico, lo científico, desde lo médico, incluso hace unos días atrás una diputada dijo que los diputados que venimos a debatir dejemos nuestras creencias religiosas en la puerta. Y yo le hice caso, no voy a hablar desde la religión”, anticipó Rezinovsky.

Aunque aclaró que “bien podría hacerlo, porque estamos en un país libre y, sobre todo, porque nuestra constitución, como las constituciones de occidente, están basadas en la fe judeocristiana. ¡Y si tanto les molesta Dios sáquenlo de la Constitución!”

Tal vez Rezinovsky no se haya percatado de que justamente una enorme mayoría de quienes luchan hace décadas por la legalización del aborto suman a sus demandas elementales la necesaria separación de la Iglesia del Estado. Y en esa lucha uno de los reclamos fundamentales es la eliminación del artículo 2 de la Constitución Nacional. Como se sabe, desde 1853 (y pese a las muchas reformas constitucionales en casi 170 años) el artículo 2 de la Carta Magna del país sigue diciendo que “el Gobierno federal sostiene el culto católico, apostólico y romano”.

Por eso cuando Rezinovsky quiso defender el aborto clandestino basándose en la Constitución Nacional y demás constituciones occidentales y cristianas, la redes sociales estallaron con memes y mensajes en los que se “recogía el guante” lanzado por la diputada PRO y se reavivaba la campaña por #IglesiaYEstadoAsuntoSeparado. Esta vez usando el término clave “Dios de la Constitución”.

Sí, que se saque a Dios de la Constitución

La campaña por la separación efectiva de la Iglesia del Estado es una de las consignas históricas del movimiento feminista y de la izquierda. Tanto que sus militantes saben combinar el pañuelo verde con el naranja, que representa esa campaña general.

Como viene demostrando La Izquierda Diario desde hace años, la injerencia de la Iglesia católica (y sus «hermanas menores» evangélicas) en la legislacion pública tiene su fundamento en la obligación establecida en la Constitución Nacional. Y eso excede una mera formulación política. Eso tiene consecuencias materiales concretas.

El Estado desembolsa año tras año cientos de millones de pesos para pagarle sueldos a unos 140 obispos y arzobispos, 640 sacerdotes y 1.200 seminaristas. Un financiamiento que encima tiene origen en decretos-ley emitidos durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica. Leyes aún vigentes.

Además la Iglesia está estrechamente enlazada con casi todas las gobernaciones e intendencias del país, lo que a su vez retroalimenta su vínculo marital con cámaras empresarias y gran parte de la dirigencia sindical peronista.

Por caso, en 2018 la entonces inetndenta de La Matanza y actual vicegobernadora bonaerense Verónica Magario creó una subsecretaría de culto en el municipio más poblado de la provincia. A su vez el gobernador de Tucumán y amigo personal de Alberto Fernández, Juan Manzur, llegó a declarar la provincia como “provida”.

Durante la pandemia, Jorge Capitanich impulsó en Chaco el programa “Cristianos a Ayudar” junto a las jerarquías evangélicas, donde 1.500 personas recorren hogares pobres para repartir la prcaria asistencia del Estado. En Formosa se dan clases religiosas en los colegios públicos sin autorización de las familias.

Por eso, como ya lo dijo la diputada Rezinovsky, entre la legalización del aborto y la separación de la Iglesia del Estado hay fuerte e histórico un hilo conductor, muy a pesar de los gobiernos peronistas y macristas que siguen sosteniendo el culto católico y a los evangélicos como si fueran organizaciones paraestatales y no instituciones religiosas que nunca deberían salir del ámbito privado de la vida de las personas.

Tal vez la diputada celeste le haya dado, sin querer, una nueva consigna al movimiento: «¡Saquen a Dios de la Constitución!»



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