En Las Catonas habitan la mayor cantidad de personas del partido de Moreno, y en su mayoría son trabajadores precarizados o que viven de changas. Queremos reflejar acá la realidad de nuestra familia y vecinos. Hay miles de historias que azotan al conurbano y se repiten en cada barrio tejiendo la imposible realidad de la pandemia.

Fue imposible para Silvia y Juan, un matrimonio de jubilados del barrio de Moreno que tienen una humilde ferretería. A pesar de su edad, mantuvieron su pequeño local abierto, aun siendo grupo de riesgo, porque su jubilación mínima, endeudada con bancos para pagar servicios, no les alcanzaba. Intentaron seguir, pero la escasez de mercadería los obligó a cerrar su único ingreso, con la obligación de seguir manteniendo el alquiler del local.

Los jubilados y desempleados son uno de los sectores más golpeados por las políticas de este y el anterior Gobierno. ¿Por qué no se podría pensar un presupuesto de emergencia para cuidado para niños, adultos mayores, personas con discapacidad y en situación de calle desde los Ministerios de Desarrollo de la Comunidad o Desarrollo Social, con control de sus trabajadores? ¡Y ni hablar de la necesidad de prohibir los desalojos!

Cuándo abastecerse se vuelve una película de terror

Es imposible para Mariana, que no solo lleva adelante a su familia, sino que padece la cuarentena, como miles, en un barrio sin grandes cadenas de supermercados, subsisten de los kioscos y almacenes de barrio en dónde faltan incluso pan o leche. Para abastecerse deben recorrer grandes distancias sin salvoconducto, a riesgo de que los paren las fuerzas represivas y tener peores consecuencias. Comprar carne o verduras, para estas familias, se vuelve una aventura de terror, no solo por los riesgos, sino también por la falta de dinero.

Otros vecinos de la zona denuncian que en el hipermercado Carrefour Moreno no están reponiendo las góndolas de forma adecuada, muestran un falso desabastecimiento y lo que era una lista de compras para una semana termina siendo la compra de lo que encuentren.

Lo que expresan estos ejemplos es que para las familias es indispensable el congelamiento de precios. Pero, ¿Qué se puede esperar de las grandes corporaciones que especulan con esta crisis? Por el contrario, la salida tiene que venir de los de abajo, de quienes padecen la suba de precios, la producción y comercialización tiene que quedar en nuestras manos.

Muchos relatan que se tienen que movilizar para realizar cargas de crédito ya que no cuentan con WiFi, esto lleva a que tengan que acercarse largas cuadras hasta el único kiosco que realiza dichas. Pero el kiosco tampoco no da abasto. Para evitar esta situación, las empresas de telefonía tienen que liberar los datos móviles gratis.

Lo esencial eran las ganancias

Elías trabaja en una fábrica donde envasan pintura para autos ¿Servicio esencial? No, pero se ve en la obligación de seguir yendo a trabajar. La planta tiene un gran laboratorio, donde las multinacionales envían sus productos, no ponen ni la infraestructura, ni los productos al servicio de paliar la crisis, y además exponen a sus trabajadores que viajan en transporte público y, sólo al llegar, les proporcionan guantes y barbijo. ¡Estas fábricas podrían ponerse a servicio de producir elementos de higiene para las grandes mayorías!

Mónica, otra vecina del barrio Las Catonas trabaja en el Estado y debe seguir asistiendo al trabajo donde no les proveen los elementos de higiene básicos como lavandina, alcohol y barbijos, poniendo en riesgo su salud y la de todos, también debe trasladarse en transporte público.

Por eso, en todos lados hay que organizarse para poner en pie comisiones de salud e higiene, decidir cómo seguir trabajando, qué producir, qué medidas de higiene tomar.

Los descartables

También de nombre Elias, un vecino que trabaja en una cadena de café cuenta que trabajó hasta último momento antes de la cuarentena total. Hoy no tiene respuestas sobre su situación, nadie allí sabe si cobrarán el total de su sueldo o cuándo, o si continuarán teniendo empleo.

Ricardo, obrero de la construcción, al decretarse la cuarentena obligatoria, percibió solo la mitad de su quincena, con una familia con dos hijas. La empresa no le garantiza una fecha de pago de lo adeudado en blanco, ni de la deuda en negro. Además, salió a la luz que hace un año que no les realizan los aportes previsionales.

Estas medidas son totalmente ilegales. Si no podemos salir de nuestras casas para ir a trabajar, hay que prohibir despidos o suspensiones con rebaja salarial, el salario debe mantenerse al 100%.

La crisis mundial que estamos atravesando saca a la luz la peor cara del capitalismo, que siempre recae en espaldas del pueblo trabajador, este sometimiento se ve reflejado en estas historias, historias que muestran como es la realidad de millones de trabajadores a lo largo y a lo ancho del país.

Está claro que el Estado tiene prioridades y esas prioridades no somos nosotros sino sus ganancias, la de los bancos y las grandes empresas.

Hoy en plena pandemia, se siguen tomando medidas que solo favorecen a un sector de la población. Es por eso que hay que denunciar esto, hay que mostrar que es imposible vivir de esta manera y decir una vez más que nuestras vidas valen más que sus ganancias.



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